A qué esperas para visitar el Santuario de Covadonga. No importa las veces que ya hayas estado.
Sabes que cada vez que vas te llenas de emociones. Cuando entras en la Santa Cueva se te ponen los pelos de punta. Subir a la Campanona significa disfrutar de la quietud contemplando el Santuario desde el privilegio de las alturas.
Entrar en la Basílica es una experiencia inolvidable, no solo la entrada principal sino la Cripta. Acceder a esta pequeña joya y admirar todo su interior nos llena de regocijo.
Cada paso que das por el Santuario te llena de una fuerza especial. Es obvio que allí ocurrió algo grande en el pasado. Algo que cambió la historia de España. Algo que permitió que recuperáramos nuestros lazos como pueblo, nuestra cultura, nuestras tradiciones, nuestras creencias. Nunca me cansaré de contemplar la estatua de D. Pelayo. Majestuoso y guardián imperecedero del Santuario.
Tampoco podemos dejar de acercarnos a la parte baja de la Santa Cueva y contemplar el chorrón. Algo nos impulsa a ver de cerca la Fuente de los Siete Caños y como no, a la vuelta es imposible no toparse con los leones que custodian la entrada.
¡Qué bonita es Covadonga, ¡Qué bonita es la Cuna de España!
